Revocan la condena por tirarle huevos a su vecina octogenaria en Pamplona

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La Sección Primera de la Audiencia Provincial de Navarra ha revocado la condena de dos años de prisión y de 8.640 euros de multa impuesta a un hombre, residente ahora en Madrid, que supuestamente había residido en un piso de la calle Arrieta de Pamplona durante un año y al que había denunciado una vecina octogenaria por dañarle la puerta de casa, tirarle huevos desde la terraza y hacerle básicamente la vida imposible.

El juzgado de lo Penal 3 le condenó por un delito contra la integridad moral y otro de daños pero la Audiencia le absuelve porque dice que no hay pruebas suficientes que acrediten de manera irrefutable que él era el autor de los hechos.

A pesar de que había sido grabado por cámaras de seguridad en pleno lanzamiento de huevos, el tribunal dice en el recurso que presentó el acusado a la condena que no fue nunca identificado por agentes policiales, ni ningún vecino ha podido identificarle como usuario de la vivienda.

Además, dicho piso figuraba alquilado a nombre de su hermano, que durante la vista oral, dijo que era un médico que ejercía en EEUU y que solía acudir a congresos en la Clínica Universitaria y, cuando ocurría, se alojaba en dicho piso.

“No consideramos que ese solo visionado de las grabaciones permita afirmar, sin duda, que se trata de la misma persona, no pudiendo olvidar que no se practicó ninguna pericial al respecto y teniendo en cuenta que el acusado declaró por videoconferencia, sentado y con mascarilla.

La Sala entiende que el hecho de que existan varias denuncias durante un largo periodo de tiempo, “permiten considerar que hubiere sido razonablemente posible y sencilla la obtención de pruebas más sólidas, contundentes y objetivas que las indiciarias con las que contamos. No hay prueba directa ni de la autoría de los hechos, ni de la identificación personal de quien era ese vecino que residía en el piso”.

PUDO SER UN TERCERO

Y abunda la Audiencia en que la vivienda estaba arrendada a nombre de su hermano y que las rentas de alquiler se abonaba a cargo de una cuenta también del hermano y no del acusado.

La Audiencia zanja que el resultado del juicio “no conduce necesariamente a la conclusión de que el acusado fuese la persona que residía en la citada vivienda en la época de los hechos y que hubiere sido su autor, no pudiéndose rechazar la posibilidad de que pudiere ser un tercero ese autor, existiendo dudas al respecto”.

La víctima es viuda, vive sola, tiene achaques de salud y ni un solo conflicto vecinal hasta llegar el acusado, dijo.

Señaló que el procesado se dedicó a tirarle huevazos a la terraza en plena madrugada, además de batirle varios huevos en el descansillo del piso y abollar el ascensor comunitario. La víctima incluso requirió los servicios de una empresa de limpieza a presión para poder ponerle lustre a su balcón.

La anciana recordó en el juicio que vive en su piso desde 1974 y que nunca había tenido un problema con el vecindario salvo el año que residió esta persona.

Acosada por la puerta y la terraza

“Todo empezó cuando un día, de madrugada, empezó a aporrearme la puerta y a tocar el timbre. Me dijo que dejara de hacer ruido y le dije que era imposible que yo hiciera ruido porque estaba en la cama y vivía sola. A partir de entonces, amenazó con ir a la Policía, un día me rayó la puerta, otro empezó a golpear el ascensor y me lanzaba a menudo huevos. Los lanzaba contra la terraza e incluso en la puerta de casa. Un día me dejó un charco de huevos que no podía ni salir”, manifestó en el juicio.

De su estado de salud, recordó que, con estos episodios, llegó a subirle la tensión hasta 22 y tuvo que venir personal de Urgencias para atenderla porque “vivía con mucha ansiedad y miedo. Incluso me daba miedo salir de casa porque pensaba que me iba a seguir. Un día que discutí con él desde el balcón me dijo: hijaputa, a qué horas vas a misa”.

La vecina de al lado de la víctima, que se conocen desde hace dos décadas, confirmó los padecimientos de la anciana e incluso la acompañó en varias ocasiones a denunciar los hechos a la Policía Foral. “Incluso tuve que hacerle la compra en alguna ocasión porque no salía de casa. Y esta mujer es imposible que hiciera ruido: no le visitan nietos, no usa tacones, tiene 87 años y hace una vida del salón a la cocina y de la cocina al salón”.