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Sebe Garcia Olza, con la mandarra puesta

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Aquella calle Mayor de los años cincuenta y sesenta, con el Bar García como punto de encuentro y fuente de multitud de recuerdos y anécdotas. Otra Iruña, más pequeña, más cercana, más rural, con todo un sinfín de personajes que abrevaban en el bar familiar en el que tu trabajaste con la mandarra puesta desde crío. Lejanas historias del Centro Mariano, del ambigú carlista, del club Kirol. Relatos de serenos y de la ronda volante. Todas aquellas copas de “sol y sombra” puestas en línea para que se las tomaran como desayuno los currelas al punto de la mañana antes de ir al tajo. También las copas de coñac que pedían los aficionados, todos envueltos en gabardinas con el puro en la boca, antes de ir los domingos al campo de San Juan a animar a aquel Osasuna del capitán Fandós. Nuevos aires de finales de los años sesenta, ganas de conocer otros ambientes entre hippies allí por Ibiza. Vuelta a Iruña, trabajo en el bar, txikiteo. Qué Sanfermines aquellos. Aquella actuación que viste en Larraina. ¿Qué cantante acabó arrojado a la piscina? Trabajaste en el Banco de Navarra, hasta que se fue a pique. Recolocado en el Guipuzcoano hasta tu prejubilación, hace ya casi veinte años. Para entonces, hacía ya mucho tiempo que habían llegado Aitziber y Jaione, en aquellos años que era imposible escaparse de las andanzas de las FOP, y tú siempre defendiendo los derechos de los refugiados vascos. Tu segunda casa el Gure Leku de Jarauta. Cientos de comidas y cenas sin repetir receta. Con la mandarra puesta. Con tu cuadrilla de siempre y con tu nueva cuadrilla, a la que sacaste del bokata de bordillo de una acera de lo Viejo. Ya habías conocido a Vita y llegaron Irati e Izei. Y un buen día, ya en siglo XXI, ya prejubilado, empezaste a correr: medias maratones, maratones, Behobias, San Silvestres, cros de la Txantrea€, y te siguió –te seguimos, como pudimos– un montón de gente. Te apuntaste al euskaltegi. Ongixko ikasi zenuen, hiru bat urtez, euskaltegiko jendearendako ere otordu ederrak prestaturik, mandarra soinean beti. Seguiste preparando comidas para la gente del euskaltegi, para tu vieja y nueva cuadrilla, para los del futbol del crío, para padres y madres de la escuela, para tus ex compañeros del banco, para quien corría contigo, con ese sentido lúdico de la vida que nunca te faltó, ni en Sanfermines, ni el resto del año y que fue una constante en tu vida. Si estas a gusto no mires la hora, solías decir, y día que pasa, día que no vuelve. También constante el sentirte vasco de Pamplona, con la ikurriña en el corazón. Agur, gure bihotzeko adiskide mina. Sigue corriendo Sebe –con la mandarra puesta–, nos vemos en la meta. Te queremos. Maite zaitugu. Gugan betiko.

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